La filial, que ya alcanza el 28% del negocio de la multinacional, explora nuevas vías de negocio digital y comercial

La gran operación salida de Telefónica de Latinoamérica, con la venta masiva de siete filiales (

gocio-en-argentina-por-1000-millones-a-un-grupo-de-inversores-participado-por-clarin.html" data-link-track-dtm="">Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, México, Perú y Uruguay) en apenas un año, tiene una excepción intocable e, incluso, un reverso virtuoso respecto a todos los negocios de los que ha huido: Brasil. Con el permiso de Venezuela, que también abandonará en cuanto se pueda, el negocio de la operadora española en el mayor país de la zona se ve como un ejemplo a seguir en desempeño operativo, expansión comercial, desarrollo de negocios alternativos o nicho de experimentación, frente a los números rojos del Reino Unido, la nueva etapa en Alemania y la estabilización en España.

Hay cierta envidia, de la que se considera sana porque nace de la admiración, en cómo le van las cosas a Vivo, que así se llama la filial de Telefónica en Brasil, donde aterrizó a finales de los noventa. Ya es responsable de casi un tercio del negocio total del grupo (el 28% de los ingresos en el último ejercicio, frente al 36% que ostenta España) y desde allí llegaron las mejores noticias para el grupo en un año marcado por unas pérdidas de 4.318 millones de euros entre desinversiones y un nuevo ERE masivo.