Jóvenes que no pudieron terminar sus estudios de secundaria se arriesgan a manifestarse para recordar al mundo que ninguna mujer de más de 12 años puede ir a clase y las restricciones contra ellas aumentan cada día
Varias jóvenes se dan cita ante el portón cerrado de una escuela y posan, de espaldas o con los rostros cubiertos, enseñando sus libros de texto o las pantallas de sus teléfonos móviles durante una clase online. Segundos después, salen corriendo hasta perderse por las calles de Herat, en el oeste de Afganistán, temerosas de que lleguen los talibanes y terminen apaleadas y detenidas. “Es nuestra manera de protestar y de mostrar que seguimos intentando estudiar y aprender”, explica Soha, una de las jóvenes, pidiendo que su apellido no sea publicado.
Un par de horas después, las fotografías y los vídeos están en las redes sociales y en la televisión local de un país donde las protestas son muy raras, especialmente las de mujeres, desde el retorno de los fundamentalistas al poder en 2021. Soha, Elhan, Khadija y el resto de adolescentes que han protagonizado esta manifestación, tan fugaz como simbólica, contemplan las imágenes y sienten que se les va a salir el corazón. En muchos casos, ni siquiera sus padres saben dónde han estado esa mañana.






