Las restricciones que limitan el acceso de las mujeres a la salud y al empleo en el sector sanitario provocan sufrimiento, enfermedades y muertes innecesarias que podrían equivaler a un feminicidio, según un informe recientemente presentado ante la ONU

Mariam terminó sus estudios de comadrona en 2021, cuando los talibanes retomaron el poder en Afganistán, pero ni siquiera pudo recoger su diploma. “No permitieron que las estudiantes recibiéramos el título en un acto de graduación. Nos dejaron fuera de la foto. Hasta hoy”, explica a este periódico. Mariam, que prefiere usar un nombre falso para esta entrevista, tampoco ha podido ejercer ni un solo día debido a los edictos emitidos por las autoridades de facto y aunque en su país haya una acuciante necesidad de matronas.

Según Unicef, hoy en día solo el 66% de las mujeres de Afganistán da a luz acompañada de personal cualificado. Además, en 2024 y aunque los datos oficiales son limitados, la mortalidad materna se situó en 638 muertes por cada 100.000 nacidos vivos y la mortalidad neonatal llegó a 24 decesos por cada 1.000 nacidos vivos, cifras que están entre las más altas del mundo, según la ONU.

Estos números son solo un pequeño ejemplo del impacto que las restricciones impuestas por los talibanes en Afganistán desde 2021 están teniendo en la salud física y mental de las mujeres. “El efecto acumulativo de estas políticas ha sido diseñar e implementar deliberadamente un sistema que niega la atención sanitaria esencial a mujeres y niñas”, resumió el relator especial de la ONU para los derechos humanos en Afganistán, Richard Bennett, en un informe presentado a finales de febrero en Ginebra y consagrado a la salud de las afganas. “Son medidas retrógradas que no pueden justificarse ni por la escasez de recursos ni por razones culturales”, insistió el responsable.