La selección natural no solo no se detuvo, sino que se ha acelerado en los últimos 10 milenios tras la invención de la agricultura

Olvida todo lo que sabías sobre la evolución humana reciente. Por reciente quiero decir la ocurrida durante los últimos 10.000 años, milenio arriba o abajo. Eso es el Neolítico, la era marcada por la invención de la agricultura y la consecuente aparición de la civilización. Eso es solo el doble de lo que solemos llamar Historia. Y nuestra especie, el Homo sapiens, tiene solo 10 o 20 veces esa cifra. Este es el marco temporal en el que se desarrolla nuestro drama evolutivo.

La mera idea de que la evolución biológica haya tenido un papel en tiempos tan recientes era un sacrilegio hasta hace muy poco, y quizá lo siga siendo en ciertos departamentos universitarios. Theodosius Dobzhansky y los demás padres fundadores del darwinismo moderno (la teoría sintética, en la jerga) pensaban que el motor de la evolución, la selección natural, se había detenido con la aparición del Homo sapiens, una especie que cuida a sus enfermos y, por tanto, impide la preponderancia de los mejor adaptados mediante la eliminación de los más débiles, que es en lo que consiste la selección natural.