Las pérdidas económicas del circuito son grandes, la repercusión deportiva es baja y el futuro de figuras como Jon Rahm está en el aire

Nació gracias al dinero y por culpa del dinero puede morir. LIV, la Liga saudí de golf, ve peligrar su existencia. El Fondo Soberano Saudí, PIF, que ha inyectado miles de millones de dólares para crear esta rompedora competición, estudia cerrar el grifo del petróleo. Y sin esa financiación, el circuito tendría los días contados. La poca rentabilidad de la Liga y la ausencia de una gran repercusión deportiva se han uni...

do a la situación geopolítica para convencer al gobierno saudí de cerrar esa carpeta y apuntar a otras inversiones como el Mundial de fútbol de 2034.

Según la cadena Fox, propietaria de los derechos televisivos de LIV en Estados Unidos, el circuito completará el resto del curso (este jueves empezó en México el sexto torneo de la quinta temporada) y bajará la persiana después. Scott O’Neill, el CEO de la Liga, ha confirmado en un correo a los jugadores la supervivencia durante 2026, pero sin más promesas. Atrás queda un deporte dividido entre quienes cambiaron de bando y quienes permanecieron en los circuitos clásicos, una ruptura que ha condenado al aficionado a ver a todas las estrellas juntas solo en los cuatro grandes en lugar de cada semana.