Se alejan de las convencionales pero están igual de buenas. Las hierbas, el vinagre y otros ingredientes hacen que sean más suaves y frescas

En casi todas las casas griegas hay algo que no falta nunca en el congelador: biftekia listos para cocinar. Son esa solución rápida cuando no hay tiempo ni ganas de complicarse, pero también un plato que apetece siempre. Cada familia tiene su versión: algunos añaden más hierbas, otros un toque extra de vinagre o pan, hay quien los hace más finos, más gruesos, a la plancha o al horno.

Como suele pasar con las recetas populares, no hay una única forma correcta, pero sí una idea clara de lo que deben ser: aromáticos, tiernos y jugosos. No tienen mucho que ver con una hamburguesa convencional. Aquí la carne se trabaja, se mezcla con mimo y se deja reposar para que gane textura y sabor. El resultado es un bocado suave, casi esponjoso, con ese punto fresco de las hierbas que los hace distintos.

Son perfectos con una ensalada, con patatas o dentro de un pan de pita, y funcionan igual de bien recién hechos que recalentados al día siguiente. Tienen poco truco; pero lo tienen: el agua con gas aporta ligereza a la mezcla; el reposo largo mejora la textura y la jugosidad y hay que resistir la tentación de moverlos constantemente mientras se cocinan: cuanto menos se toquen, mejor quedan.