Pienso en reflexiones antiguas cuando observo la catarata de insultos que se vomitan entre los presuntos progresistas y los supuestos fachas

“Todo se vende este día / todo el dinero lo iguala / la corte vende su gala / la guerra, su valentía / hasta la sabiduría / vende la universidad / ¡verdad!“, escribió el malvado e incontestable Góngora hace cientos de años. Y Diógenes, en compañía nocturna de un farol, contestaba a los transeúntes sobre su exótica actividad: “Busco a un hombre honesto”. Tiene que haber algunos, no excesivos. Y mujeres, que en la época del filósofo griego no existían socialmente. Pienso en reflexiones tan antiguas cuando observo la catarata de insultos que se vomitan entre los presuntos progresistas y los supuestos fachas. En la segunda definición estamos la mayoría del personal, incluidos los que hicimos vot...

os naturales de atrofia desde que tuvimos uso de razón.

Y alguna vez leí (o tal vez lo escribí yo, eran tiempos convulsos, me queda escasa memoria de ellos): “Yo no insulto, me limito a definir”. Lo recuerdo ante la catarata de improperios que vomitan los que gozan del siempre abyecto poder y los que aspiran a quitárselo. Son muy pobres, con una pobreza expresiva sonrojante. Por parte de ambos. Todo es previsible, repetitivo, facilón, torpe, propio de un manual para sumisos y trepas con el sueldo presente y el futuro asegurado.