El estancamiento económico y el descontento social impulsan al líder de Tisza, una figura con claroscuros que adelanta al primer ministro ultraconservador en las encuestas

El fenómeno Péter Magyar ha revolucionado Hungría. Es un caso paradójico. Su figura no genera especial simpatía, en muchos produce rechazo y a la vez, ha movilizado e ilusionado a un movimiento social capaz de lograr lo que parecía imposible: agrietar el búnker del poder construido por el primer ministro ultracons...

ervador Viktor Orbán. El dirigente más veterano de la UE se enfrenta este domingo a la posibilidad de perder unas elecciones. El rival que puede conseguirlo es un abogado de 45 años forjado en su partido, Fidesz.

Orbán nunca se ha visto tan amenazado en 16 años. El dirigente nacionalpopulista ha esculpido un sistema electoral que parecía inexpugnable. Cuenta además con una maquinaria mediática que difunde su propaganda y hostiga sistemáticamente a sus adversarios. Los comicios son libres, pero no justos, dicen los observadores electorales.

Magyar nació en la élite húngara, en una familia de juristas, entre ellos el expresidente Ferenc Mádl. Forjó su vida personal y su carrera dentro del sistema creado por Orbán. Su madre ocupó altos cargos en el Supremo. La exministra de Justicia, Judit Varga, fue su esposa y es la madre de sus tres hijos. Él mismo trabajó en organismos estatales.