La fundación, que el hijo de Carlos III abandonó hace un año por desavenencias con su directora, asegura que ha sufrido “una avalancha de ciberacoso”
La enrevesada historia del príncipe Enrique, el hijo menor del rey Carlos III de Inglaterra, con sus negocios y obras benéficas no hace más que complicarse una y otra vez. Ahora, en una nueva y sorprendente vuelta de tuerca, la fundación que creo él mismo en honora la labor humanitaria de su madre, Diana de Gales, y cuya presidencia abandonó hace un año, le ha demandado ante los tribunales. Desde Sentebale le acusan de ser nada menos que “el artífice una campaña de comunicación adversa, con un significante impacto viral, que ha desencadenado una avalancha de ciberacoso contra la organización y sus dirigentes”.
La demanda se interpuso a finales de marzo, pero ha sido este viernes, 10 de abril, cuando Sentebale la ha hecho pública en un comunicado datado en Londres. El príncipe, que reside junto a su familia desde hace ya casi seis años en Montecito, una adinerada zona de Santa Bárbara, en la costa de California, se pone así ante el foco público por haber dañado el vehículo benéfico que él mismo creo y con el que en tantos actos participó. Sin embargo, su ruptura con la fundación —que ayuda a niños y jóvenes con VIH y sida en Lesoto y en Botsuana— no es nueva, aunque este sea su momento más delicado.






