San Mamés es la catedral que une a cuatro generaciones de aficionados que siguen venerando los ritos y la forma de ver el fútbol de un abuelo, hoy ausente, que les convenció que ser del Athletic Club es “una manera de estar, una forma de comportarse”
No hay nada que haga más feliz al escritor Galder Reguera (Bilbao, 1975) que ir acompañado a San Mamés, la casa del Athletic Club. Empezó yendo con su querido aitite, su abuelo, antiguo directivo del club, la persona que le introdujo en la familia athleticzale, y ahora que él no está le acompañan sus dos hijos.
Aunque nunca llegaron a sentarse todos juntos en las gradas, Reguera siente que todos ellos están unidos por un legado que les trasciende. Un legado que se mantiene vivo en ritos como el viaje desde el pueblo a Bilbao o la previa en los bares, donde amigos y exjugadores se mezclan con naturalidad, pero que sobre todo tiene que ver con una forma de ver el fútbol y la vida: “Ser del Athletic no es solo animar. Es una manera de estar, una forma de comportarse”, defiende quién desde 2008 trabaja en la Fundación del club.
Nadie mejor que José Ángel Iribar, el Txopo, el hombre con más partidos en la historia del equipo vasco, representa ese saber estar. Una figura en la que Reguera proyectó la imagen de su abuelo y a quién, después de la pandemia, visitó en su despacho porque sintió la necesidad de decirle que le quería. Una buena definición del Athletic bien podría “la de un grupo de personas que quiere a José Ángel Iribar”, piensa Reguera.






