Al rapero se le prohibido la entrada en el Reino Unido por sus declaraciones antisemitas, pero los fans parecen dispuestos a apoyarle: el pasado fin de semana ganó 33 millones de dólares por dos conciertos en Los Ángeles
En menos de una semana, el rapero Kanye West (Atlanta, Georgia, EE UU, 48 años), también conocido como Ye, ha sufrido un duro varapalo comercial y también una gigantesca inyección millonaria a sus ya desmesuradas arcas. Por un lado,
s-britanicos-en-su-proximo-concierto-en-londres.html" data-link-track-dtm="">el gobierno de Reino Unido le ha denegado el permiso para viajar al país con motivo de su actuación el próximo junio en el festival Wireless, que iba a encabezar durante tres noches. La administración ha argumentado que “su presencia no iba a ser favorable para el bien público”, como condensación rápida de los muchos problemas que apareja su figura, a destacar sus manifestaciones públicas inequívocamente nazis (con una canción titulada Heil Hitler, de hace menos de un año, además de otras acciones como la comercialización de camisetas con esvásticas) y antisemitas.
Antes de que se le denegara la entrada, Wireless había sido objeto de enormes críticas y perdido importantes patrocinadores, como Pepsi, aunque la dirección del festival respaldó a Ye, un indicativo de que sus conciertos seguían, con toda probabilidad, saliendo muy a cuenta. Para muestra, sin ir más lejos, su triunfal paso por el SoFi Stadium de Los Ángeles el pasado fin de semana. Con solo dos recitales, West recaudó una cantidad estimada de 33 millones de dólares, cifra récord para el recinto. Lo que, de entrada, ilustra una tensión singular en el gran regreso que la estrella planeaba para este 2026, entre su nuevo disco, Bully, y una gira internacional que también prevé pasar por España en verano: su cruzada por obtener el perdón del mundo –como ha intentado con gestos como el de publicar unas disculpas abiertas en el periódico The Wall Street Journal o proponer una reunión con miembros de la comunidad judía– está encontrando más dificultades con las marcas y las instituciones que con el público.













