Tras meses de distanciamiento, la mayor comunidad salvaje de estos primates se partió en dos, desatando una enorme violencia con decenas de muertos

El 24 de junio de 2015 algo cambió en el parque nacional de Kibali (Uganda), hogar de los Ngogo, la mayor comunidad de chimpancés de África. “Fue cuando vimos el primer caso de individuos de diferentes vecindarios del grupo tratándose como extraños”, cuenta Aaron Sandel, primatólogo de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos) y primer autor de un estudio publicado en Science que muestra cómo desde dentro de un colectivo que lleva años de convivencia pacífica puede surgir primero la polarización, después la división y, finalmente, la violencia y la guerra. Desde aquel verano, la comunidad de Ngogo se ha partido en dos y los ataques letales, también a las crías, han acabado con decenas de muertos.

“Yo estaba con los chimpancés del vecindario occidental. Nos encontrábamos en el centro del territorio cuando oyeron a otros chimpancés cerca. Debían ser del vecindario central. En lugar de acercarse y reunirse, como es típico entre los chimpancés, se quedaron callados y visiblemente nerviosos: hacían muecas y se tocaban para tranquilizarse. Actuaban como si oyeran a chimpancés de otro grupo, como si fueran desconocidos. Cuando los chimpancés del vecindario central se acercaron, los chimpancés occidentales huyeron y los centrales los persiguieron. Los chimpancés de ambos vecindarios se evitaron durante seis semanas. Nunca antes había ocurrido algo así”, relata Sandel.