Claudia Montes, otra de las mujeres supuestamente enchufadas por la trama, ha centrado la segunda sesión del juicio del ‘caso Koldo’
¿Qué hacía Claudia Montes, amiga de José Luis Ábalos, en la empresa Logirail, dependiente del Ministerio de Transportes? Imposible saberlo atendiendo a los que ha sucedido este miércoles en el Salón de Plenos del Tribunal Supremo en el que se juzga al exministro, a Koldo García y a Víctor de Aldama. Los siete magistrados del tribunal han escuchado este miércoles tres versiones distintas: que estaba sobrecualificada y se quejó con razón porque la condenaron al ostracismo, que dejó de acudir sin motivo a su puesto de trabajo y que los jefes se peleaban por ella. Esta última opción la ha defendido ella misma: “El director de Renfe me quería para la oficina de arriba y el de Logirail, para la de abajo”, ha asegurado durante su declaración como testigo, en la que ha afirmado que se postuló al puesto en esa empresa a través de portales de empleo y que Ábalos jamás le dijo: “Claudia, te he enchufado”.
El testimonio de Claudia Montes era el plato fuerte de la segunda sesión del juicio sobre la supuesta trama en torno a la compra de mascarillas en el Ministerio de Transportes. El motivo que la ha traído a ella a declarar en el Supremo no tiene nada que ver con la adquisición de material sanitario en tiempos de pandemia, pero sí con una de las derivadas que han ido saliendo a esa investigación: el supuesto enchufe en empresas públicas de dos mujeres vinculadas a Ábalos. La primera, Jéssica Rodríguez, testificó el martes y confirmó que cobró durante más de dos años de Ineco y Tragsatec sin hacer trabajo alguno. La segunda es Claudia Montes, quien, al contrario, ha defendido que se ganó cada euro que le pagaron.







