El goleador inglés del equipo bávaro, rival del Madrid este martes, es una pieza estructural en la organización del juego
Joshua Kimmich salió del vestuario de Friburgo este sábado, después del partido de la Bundesliga, y ofreció una conferencia improvisada. Dos cuestiones destacaron en el discurso del capitán del Bayern. Primero, dijo que se sentía responsabilizado porque nunca había podido ganarle al Real Madrid y ya sumaba cinco partidos en tres eliminatorias de Champions desde 2017. Segundo, advirtió que esperaba que
4-17/harr" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/futbol/2024-04-17/harr" data-link-track-dtm="">Harry Kane, que sufre problemas físicos desde hace días, sea titular en el Bernabéu, este martes en la ida de los cuartos de final: “¡Jugará incluso en silla de ruedas!”.
Las dos ideas son el anverso y el reverso de una realidad apremiante. Kimmich sabe mejor que nadie que sin Kane las probabilidades de ganar se reducen en progresión geométrica. Jugador desenvuelto cuando tiene la portería contraria de cara, este carrilero implantado en el mediocentro carece de la visión periférica necesaria para recibir la pelota de sus defensas y girarse sin arriesgar una pérdida. Hay futbolistas que perciben la presencia exacta de los contrarios en todo su radio de acción y Kimmich no forma parte de esa especie. Kane sí. Lo dijo su técnico, Vincent Kompany: “Harry sabe cómo y dónde moverse”.









