Los aceleracionistas del anarcocapitalismo quieren hacer realidad su nueva concepción de la naturaleza humana. Tienen los medios para hacerlo. Lo explica Carlos Fernández Liria en ‘Contra la ilustración oscura’, un libro del que ‘Ideas’ adelanta un fragmento.
Peter Thiel quizá sea un chiflado, pero es uno de los chiflados que dominan el mundo. Creador de PayPal y Palantir, filósofo, doctor en Derecho, discípulo del filósofo francés René Girard, apoyo fundamental de Donald Trump y de J. D. Vance, es uno de los grandes dueños de Estados Unidos y del mundo. No está muy seguro de querer que la especie humana sobreviva en el transhumanismo. ...
Se piensa en una alianza hombre-máquina, una prolongación técnica de la mente humana a través de la inteligencia artificial, un ser humano aumentado, técnica y virtualmente inmortal, una nueva especie, en definitiva.
Uno de los grandes retos que se plantea Peter Thiel es la superación de la mortalidad. No termina de satisfacerlo ser inmortal en una réplica informática. “Preferiría conservar también mi cuerpo”, ha declarado. Cuando fallezca, ha establecido que debe ser criogenizado, más que nada, nos dice, por una cuestión ideológica, para señalar que ahí hay una posibilidad abierta para la tecnología del futuro. Es decir, la muerte ya no es encarada como una misteriosa condición existencial, sino como una deficiencia o una impertinente avería destinada a ser superada técnicamente. Es lógico que alguien que ve la inmortalidad como un reto biotecnológico al alcance de la mano piense en la superación del ser humano como una posibilidad, e incluso tenga sus dudas sobre si sería deseable o no. El superhombre nietzscheano aparece, así pues, por primera vez a la vuelta de la esquina.






