Una investigación del CSIC de 2023 aclara que el riesgo de las toxinas presentes en los suelos de goma varía en función de su mantenimiento y erosión natural

El caucho es el último grito en parques infantiles: su superficie blanda reduce el riesgo de lesiones, ofrece un terreno más uniforme para jugar y resulta más difícil de manipular que la arena. Gracias a estas ventajas, su presencia se ha extendido rápidamente en jardines y áreas de juego de ciudades de todo el mundo, como Madrid. Sin embargo, su popularidad no ha estado exenta de polémica. Una investigación del CSIC de 2023 concluyó que la degradación del caucho puede liberar compuestos químicos tóxicos, aunque el riesgo de exposición es bajo y depende del mantenimiento del material y la erosión a la que esté expuesto. Los servicios técnicos del Ayuntamiento de Madrid se han apoyado recientemente en ese estudio de la máxima autoridad científica del país para tumbar la instalación de caucho en el parque José María Íñigo, en el distrito Fuencarral-El Pardo, mientras que en otras zonas de la capital el Consistorio sigue apostando por esa solución.

El área de juego del parque José María Íñigo no destaca por nada en particular: es un recinto relativamente pequeño, cercado por una valla metálica de colores, que incluye un tobogán y un par de balancines. ¿Lo más problemático? El suelo de arena. La asociación vecinal La Vaguada es Nuestra critica que la presencia habitual de una colonia de gatos en las inmediaciones “genera problemas de insalubridad”, porque los animales utilizan el arenero como espacio para orinar y defecar, con los riesgos que eso conlleva en una zona que está destinada a niños de entre cero y tres años “que se llevan la arena a la boca”. A los problemas de suciedad, se suma el deterioro progresivo del terreno, “que tiende a desnivelarse con el uso”, se quejan desde la asociación.