Que Vinicius y Kylian no se acoplen en un club que se ha distinguido siempre como un acumulador de estrellas es irónico, y no es verdad
Uno de los particulares rasgos del Madrid, una de esas singularidades divertidas que suelen desembocar en drama (en la grada, en la prensa, en las redes, incluso en el resultado si se pone mucho empeño) es el momento en que se consensúa que el equipo juega mejor sin sus mejores jugadores. Basta una baja tonta, una acumulación de tarjetas, un descanso:...
si la figura no juega y el equipo gana, una nube oscura cubre la victoria, habitual necesidad de buscar debate. Pasó con todos, en mayor o menor medida. Se excusaba con el “juego coral”, se alegaba que la estrella (Zidane, Cristiano incluso) reclamaba mucho protagonismo y cuando no estaba, los demás se soltaban.
Esta vieja historia era lanzada por los medios (el periodismo es un noble oficio que se altera cuando se aburre) y apoyada, como es natural, por el antimadridismo. Como cuando se va alguien del Madrid: de repente es buenísimo, hasta un chaval estupendo que se portaba mal por la influencia del escudo. Es parte del fútbol y está bien, son dinámicas que dan juego para apoyarlas o meterse con ellas. El caso Mbappé (“Mbappé lastra al equipo”, “se juega peor”, “hace peores a los demás”), sin embargo, presenta una novedad no irónica: es buena parte del madridismo la que fomenta la idea de que el pichichi, el mejor delantero del planeta, no le viene bien al Madrid. A este Madrid en concreto, ojo, que debe andar sobrado de jugadorazos. “Es que le ganamos al City sin él”. Hombre, y el año pasado también, con un hat trick suyo. Y no por eso queremos vender a Valverde.






