Dos agentes de la Guardia Civil durante su jornada de trabajo. EFE/Guardia Civil
Sagrario Ortega |
Madrid (EFE).- «Material muy, muy duro, tremendamente sensible y emocionalmente muy impactante». Con esto trabajan los agentes de la Guardia Civil que persiguen la pornografía infantil y a quienes se les somete a un protocolo de asistencia psicológica, una «coraza» para sobrellevar el visionado de las terribles imágenes que los depredadores comparten en la red.
Una difusión que, como la propia red, no tiene fronteras y que cada día va a más, subrayan a EFE los investigadores de la Sección de investigación de la explotación sexual infantil, perteneciente al Departamento contra el Cibercrimen de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.
Aunque la sociedad habla de lo grave que es la pornografía infantil, hasta que «no lo ves, no lo tocas, no sabes hasta qué punto es grave», dicen los agentes.







