Andrés Jiménez, histórico exjugador del baloncesto español, ilustra un cómic en el que revive su apasionante carrera

El niño que nunca dejó de soñar creció con un tebeo en las manos y unas zapatillas pequeñas en los pies. Andrés Jiménez devoraba los cómics que su abuelo vendía en un quiosco en la localidad sevillana de Carmona. Mortadelo y Filemón, Pulgarcito, Spiderman, La Masa, y a veces algún Tintín y Astérix, “que eran más caritos y había menos”. No los abría mucho, para que luego pudieran venderse, pero lo suficiente para que su imaginación volara entre esas páginas llenas de dibujos. Así creció en él una pasión por la caricatura y la ilu...

stración que le ha acompañado siempre, hasta que aquel niño se convirtió en uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto español. Una carrera que le llevó a jugar contra Michael Jordan y que hoy, a los 63 años, Jiménez revive con sus propios bocetos en Jimix. Mi loca historia del básquet (ediciones Valnera), con prólogo de Pau Gasol y que sale a la venta este próximo jueves.

El mayor de tres hermanos, hijo de un agente comercial y una ama de casa, empezó jugando al fútbol en los campos de tierra de Carmona. “Básicamente porque en el pueblo el baloncesto no existía y como yo era larguirucho me pusieron de portero. Menos mal que luego apareció la canasta y el horizonte se me aclaró”, recuerda. Aunque había un problema, sus enormes pies. “Yo con 13 años ya medía 1,97m y calzaba un 48. Buscar una zapatilla con ese número en Carmona, incluso en Sevilla, era muy difícil. Lo que conseguía ya me quedaba pequeño y los dedos los tuve de mayor muy encogidos por llevar zapatillas pequeñas. Me hacían realmente daño. Mis padres eran de origen humilde y solo podían encontrar lo que hubiese. Hasta que llegué a Badalona no llevé zapatillas de mi número”, cuenta Jiménez.