El centrocampista del Valencia reflexiona sobre sus inicios, su elección por el fútbol en lugar del tenis, su juego y la situación que vive el club
Javi Guerra (Gilet, Valencia; 22 años) ha vivido todas las emociones del fútbol en unas pocas temporadas. El centrocampista ya ha tenido tiempo para conocer la volatilidad de una afición como la del Valencia. Una hinchada que un día te encumbra y al siguiente te pisotea. Ahora está en alza y el espigado futbolista se agiganta con la ayuda de Guido y Ugrinic, el eje de este nuevo Valencia que deja atrás las miserias del descenso y s...
e permite, incluso, ilusionarse con volver a Europa. Este domingo (16.15, Dazn) recibe al Celta. Guerra, que ya planea unas vacaciones en familia en Ibiza, habla con mucha cautela, con los brazos cruzados, a modo de escudo, pero acabará relajándose y estirando las piernas cuando la conversación deja el barro del fútbol para adentrarse en asuntos más mundanos, como la manera tan particular que tiene de dejar los zapatos en el vestuario o los paseos por el monte con Thor, el Rottweiler de la casa familiar del pueblo donde sigue viviendo con sus padres y su hermano, Antonio.
Pregunta. En su vida, a pesar de ser tan joven, se ha acostumbrado a vivir con una navaja contra la garganta. ¿Cómo lo lleva?






