El dúo ha realizado el primer escaparate de artista de Hermès en Madrid, con figuras creadas a mano que mezclan fantasía y referencias folclóricas

Crecieron en el campo, en aldeas gallegas, y aunque viven en Barcelona desde 2013, Cristina Barrientos (Santiago de Compostela, 1984) y Denís Galocha (Santiago de Compostela, 1986) siguen volviendo a menudo a su tierra. Dicen que de esas raíces nacen las criaturas imaginarias que diseñan y que ahora traen a la zona comercial de lujo más importante de Madrid. Él estudió Bellas Artes en Pontevedra, viene de una familia relacionada con esas habilidades —“En casa siempre nos empujaron a hacer algo creativo, la primera exposición que recuerdo es una de surrealismo a la que fui con 10 años”, recuerda—. Ella cursó diseño de moda en Allariz —“Tijeras, tejidos, agujas e hilos estuvieron en mi vida de...

sde pequeñita”, cuenta— y trabajó unos años en la industria textil. Ese camino la llevó a los Países Bajos en 2008, él la siguió y así nació el dúo Twee Muizen (“dos ratones” en neerlandés), que ahora ha diseñado el primer escaparate de artista de Hermès en la capital.

“Antes pasó un señor que se llevó la mano a la boca sorprendido y se paró a mirarlo, y una niña que le dio un ataque de risa al ver las figuras…”, comenta Galocha, curioso ante las reacciones de los peatones de la calle de Ortega y Gasset que observan las figuras gigantes al otro lado del cristal. En esa instalación textil —titulada El hilo de lo desconocido e inspirada en el leitmotiv de la maison para 2026, L’Appel du Large (Aventurarse hacia un horizonte lejano en francés)— hay un jinete y un caballo, enseñas de la casa francesa fundada en 1837 y que desde sus orígenes ha considerado la expresividad plástica de sus escaparates un elemento clave. En el caso de estos artistas, el folclore ocupa un lugar especial: “Y es curioso, porque conocemos a gente de otros países que ve nuestra obra cercana a sus orígenes, compartimos inspiraciones ancestrales que nacen de la naturaleza”, explica Barrientos mientras Galocha destaca que “sorprende que una máscara de Papúa se puede parecer a una de Galicia”.