Los ministros militantes son reclutados en su mayoría como fuerzas de choque, mientras que las operaciones delicadas quedan para personas ajenas al PSOE

Carlos Cuerpo es, por talante y capacitación, el ministro más solvente del Gobierno. Su desempeño al frente de una cartera tan compleja como la de Economía le han valido un reconocimiento transversal del que también gozaba, por cierto, su antecesora en el cargo y mentora:

target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/eps/2025-10-31/nadia-calvino-la-informacion-es-poder-pero-la-desinformacion-tambien.html" data-link-track-dtm="">Nadia Calviño. Pedro Sánchez ha decidido con acierto ascender a Cuerpo al cargo de vicepresidente, un rango —en su caso primado— que comparte con otra ministra de perfil técnico como Sara Aagesen. Ninguno de los dos, como tampoco Calviño, tiene carné del PSOE.

Que las dos vicepresidencias recaigan en dos perfiles tecnocráticos de personas no afiliadas al Partido Socialista es un hecho elocuente. En primer lugar, porque establece un hiato franco y visible entre Ferraz y La Moncloa. Y en segundo, porque emite un mensaje nítido: el de que los ministros militantes son reclutados en su mayoría como fuerzas de choque, mientras que las operaciones delicadas y previsiblemente más lucidas quedan reservadas para personas ajenas al partido.