Pekín impulsa una estrategia para desarrollar interfaces cerebro-computadora que rivalicen con la compañía Neuralink de Elon Musk
Luo Minmin, director del Instituto Chino de Investigación Cerebral (CIBR, por sus siglas en inglés) de Pekín, desgrana detalles sobre uno de los implantes cerebrales más avanzados que están desarrollando. Mientras habla de electrodos y neuronas, una pantalla a su espalda muestra el vídeo de uno de los ensayos que han llevado a cabo en monos: el m...
acaco, inmovilizado en un laboratorio, tiene la tapa de los sesos abierta y unos cables conectados al cerebro; los sensores detectan sus impulsos neuronales a medida que sigue con sus ojos grandes de primate un círculo rojo en un plasma que tiene delante; los datos de su cerebro son procesados al instante, de modo que, con algo que se podría denominar “pensamiento”, es capaz de mover un cursor en la pantalla. La acción, a su vez, pone en funcionamiento un brazo robótico real. En resumen: tenemos a un mono manejando una máquina con la mente.
“Es una tarea bastante sofisticada”, comenta Luo. “Necesitamos registrar grandes cantidades de neuronas en el cerebro del mono, descodificar sus señales y adivinar sus intenciones de movimiento. Ya lo hemos logrado. Lo siguiente es hacerlo con humanos”. Y sin cables. Tienen previsto empezar este mismo año con las pruebas clínicas de su artilugio más puntero, el Beinao-2, un sistema avanzado de interfaz cerebro-computadora (BMI, por sus siglas en inglés) invasivo, que se adhiere al tejido exterior del cerebro mediante una compleja operación quirúrgica.






