El que fuera comandante jefe de la Patrulla Fronteriza, caído en desgracia en el Gobierno tras las muertes de Renée Good y Alex Pretti, lamenta no haber detenido a más migrantes
Gregory Bovino dice adiós a su sueño. El que ostentó el cargo, creado a medida, de comandante en jefe de la Patrulla Fronteriza y lideró las mayores operaciones contra los migrantes en varias ciudades de Estados Unidos se retira con la frustración de no haber cumplido su objetivo. “Ojalá hubiera capturado a aún más inmigrantes ilegales”, dijo en una entrevista reciente con The New York Times, en la que menciona como único arrepentimiento haber fracasado en su deseo de capturar a 100 millones de migrantes. Una cifra disparatada si se tiene en cuenta que solo hay unos 14 millones de personas indocumentadas en el país y la población total es de poco más de 300 millones. “Nos esforzamos al máximo, pero siempre existe una solución creativa e innovadora para capturar aún más”.
El que fuera el rostro de la campaña antiinmigración de la Administración de Donald Trump se ha jubilado discretamente, sin apenas hacer ruido. Fue desechado por un Gobierno que lo alzó a la cumbre para dejarlo caer después de protagonizar las campañas más infames contra los migrantes de la historia del país.








