Nadie entra ni sale sin permiso de esta región fronteriza con Venezuela, donde la disputa entre guerrillas ha expulsado de sus pueblos a casi 100.000 vecinos. Minas, drones y control armado han convertido la zona en una jaula al aire libre

El autobús llevaba casi cinco horas avanzando de bache en bache por una carretera destrozada. Dentro, el calor se acumulaba y el polvo se pegaba a la piel. De repente, el vehículo se detuvo en seco a las puertas de Tibú, la capital del Catatumbo, en el norte de Colombia. En cualquier otro lugar habría sido solo eso: una parada. En el Catatumbo, no. ...

Un guerrillero de civil, con un fusil viejo al hombro, se subió al vehículo. Se presentó como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), uno de los grupos armados de Colombia que recoge muerte allá donde planta su bandera.

—¿Qué hacen ustedes acá? ¿Extranjeros? —preguntó al reparar en algunas cabelleras rubias y pelirrojas.

—¿Comitiva humanitaria? —insistió, frunciendo el ceño al escuchar la respuesta.