Los vecinos de Campos del Paraíso, con apenas 600 habitantes, denuncian la acumulación de varios proyectos en su territorio y preparan una manifestación para este sábado
La España rural se rebela contra las plantas de biometano. En Cuenca, los vecinos del pequeño municipio de Campos de Paraíso, que suma 600 habitantes repartidos entre Carrascosa del Campo, Loranca del Campo, Olmedilla del Campo, Valparaíso de Arriba y Valparaíso de Abajo, llevan meses organizándose...
para frenar la tramitación de tres proyectos, uno de ellos con capacidad para tratar 140.000 toneladas de residuos orgánicos, la mayoría purines de cerdos. Un volumen de desechos que, aseguran, no generan los ganaderos de esa comarca, sino que llegarán de otros puntos. Demasiados proyectos, dicen, en tan poco espacio, mal dimensionados y muy cerca de sus casas. Dos de las instalaciones ya cuentan con informes urbanísticos favorables de la Diputación de Cuenca y la tercera está en fase de evaluación ambiental.
La planta que pretende ubicarse en Carrascosa del Campo se situará a apenas 2,5 kilómetros de sus casas, pero los proyectos en Tarancón o Huelves amenazan con convertir este rincón de la geografía conquense en una suerte de hub para el tratamiento de estos residuos. Temen que los olores, la contaminación de los acuíferos —pese al sellado hermético de todo el proceso que defienden estas empresas— y los 90 camiones diarios que transitarán por sus carreteras y caminos transportando estos residuos, acaben por expulsar a quienes aún resisten en estos pueblos acechados por la despoblación. “Este tipo de instalaciones, además, apenas generan empleo. Los jóvenes tendríamos que asumir los impactos sin que realmente supongan oportunidades laborales para nosotros”, critica Sara Mitrica, estudiante y vecina de Campos del Paraíso.






