La película es entretenida, cachonda, simpática y, desde luego, satisfactoria. No obstante, se obstina demasiado en especulativas explicaciones científicas

En una clasificación básica de la que luego pueden desgajarse otras vertientes más especializadas y concretas, las películas de ciencia ficción se pueden dividir en dos categorías: las ligeras y las adultas. Algunos ejemplares de las primeras, en las que el rigor científico no es primordial, serían La guerra de las galaxias, E. T., el extraterrestre y Regreso al futuro. Mientras que los dos grandes prototipos de las segundas, mucho más trascendentes, complejas y rigurosas (aun dentro de la especulación), serían 2001: Una...

odisea del espacio y Solaris.

Sin embargo, no pocas películas nacen siendo básicamente ligeras, entretenimientos efervescentes (que sean ligeras o adultas no las hacen, de por sí, mejores o peores), para más tarde contener no pocos detalles adultos. O incluso al revés, títulos que surgen con la motivación de hablar de temas de enorme calado, pero que no dejan de ser espectaculares divertimentos de género. Y ahí Blade Runner y Minority Report podrían ser sus paradigmas.

El tono de Proyecto Salvación, nueva película de la pareja de directores formada por Phil Lord y Christopher Miller, está en todo momento en el apartado de las ligeras, y más concretamente en el subgrupo de las aventuras espaciales. Es entretenida (lo sería mucho más si no durara, innecesariamente, dos horas y media largas), cachonda, simpática y, desde luego, satisfactoria. No obstante, no pocas veces se obstina demasiado en especulativas explicaciones científicas (o paracientíficas), que poco aportan al conjunto, y que tampoco la hacen más compleja. Con algo menos de verborrea, y también de metraje, podría haber sido una película ejemplar. Aun así, Proyecto salvación tiene el suficiente carisma para poder solazarse con ella en buena parte de su relato, empezando por su magnífico protagonista: Ryan Gosling, tan dotado para la aventura como para la comedia, para la altura dramática como para el musical, y de todo ello hay en el trabajo de Lord y Miller.