El primer ministro ultraconservador, en apuros en las encuestas, capitaliza el bloqueo de un oleoducto dañado por la guerra que Kiev aun no ha reabierto

A dos semanas de las elecciones más inciertas para el primer ministro ultraconservador, Viktor Orbán, la tensión en la campaña electoral en Hungría está en una espiral ascendente. Con las encuestas en contra, el Gobierno ultranacionalista redobla su pulso contra Kiev como gran apuesta estratégica. El bloqueo del oleoducto que transporta a través de Ucrania el petróleo del que depende energéticamente, dañado durante un ataque en enero y que Kiev aún no ha reabierto, proporciona munición política al político nacionalpopulista. Este miércoles, Orbán ha anunciado el corte gradual del suministro de gas a su vecino del este hasta que el crudo ruso vuelva a fluir a Hungría.

En las campañas electorales de Orbán siempre hay un chivo expiatorio, un enemigo que amenaza la seguridad nacional o la integridad de los valores ultraconservadores que propugna. En las sucesivas elecciones que han consolidado sus 16 años de poder al frente de Hungría, ha cargado contra los inmigrantes y refugiados, el colectivo LGTBI, el filántropo George Soros y siempre, contra Bruselas. Este año, ha irrumpido en las vallas publicitarias del país el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.