El primer ministro francés impulsó la unidad del progresismo, pero no supo mantenerla y acabó humillado ante Jean-Marie Le Pen
Fallecido el 23 de marzo, Lionel Jospin deja en la izquierda francesa un recuerdo a la vez nostálgico y amargo. La llevó a la victoria en las elecciones legislativas de abril de 1997, después de que Jacques Chirac, el presidente francés de entonces, disolviera la Asamblea Nacional en medio de la legislatura; y, sin embargo, sigue siendo un símbolo controvertido: fue derribado por razones que él mismo nunca quiso analizar, salvo de manera superficial. Años antes, en 1995, François Mi...
tterrand, al abandonar la presidencia, había dejado la izquierda en estado de ruina. Jospin, convertido en primer ministro de cohabitación con la derecha, prometía reconstruirla para gobernar con un programa auténticamente transformador, pues era un hombre de convicciones imbuido del ideal socialista. Su as en la manga —el ingrediente de su victoria sorpresa— residió en un proyecto estratégico, el de una “izquierda plural” (concebido en realidad por uno de sus seguidores, Jean-Christophe Cambadelis) capaz de aglutinar, más allá de un mero acuerdo electoral, a comunistas, republicanos, radicales sociales y ecologistas, y que distinguiría, en aquel momento esperanzador, a los socialistas franceses del reformismo tímido de la socialdemocracia europea.











