Los letrados tienen cada vez más exposición y sus casos se destripan en los programas

Horas después de que el ex director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional José Ángel González y la inspectora que le ha denunciado por agresión sexual declararan por primera vez ante el juez que investiga el caso, el abogado de ella, Jorge Piedrafita, estaba sentado en un plató de televisión. Rodeado de periodistas, iba contestando a sus preguntas sobre lo o...

currido ese día en los juzgados, incluidos detalles de un audio sobre la presunta violación. No es una escena inusual. Casi cualquier mañana televisiva tiene su dosis de casos judiciales mediáticos con letrados entrando y saliendo de los programas. Los abogados ganan visibilidad, sus casos irrumpen en el debate público, se desmenuzan en las tertulias y sus protagonistas se convierten en personajes de una trama.

No es, ni mucho menos, un fenómeno nuevo. Siempre ha ha habido abogados que han accedido a ponerse delante de una cámara. A eso nos tenían acostumbrados los programas del corazón. Poco a poco se extendió al universo de los sucesos y ahora no hay caso mediático sin su correspondiente abogado. Los críticos sostienen que esta exposición frivoliza las causas y puede dejar en situación de vulnerabilidad a las víctimas. Los defensores, que se trata de algo totalmente legítimo y beneficioso para sus representados. “Hay hechos que son noticiables y los medios de comunicación tienen derecho a conseguir información y el pueblo a recibirla”, defiende Marcos García Montes, veterano penalista con un catálogo de casos que van desde Filesa a la defensa de Daniel Sancho, hijo del actor Rodolfo Sancho, condenado por el asesinato y descuartizamiento de un cirujano colombiano en Tailandia.