Dos informadores ratifican ante el Supremo que conocían antes que García Ortiz la confesión del novio de Ayuso

Gabriel Rodríguez-Ramos, el incisivo abogado del novio de Isabel Díaz Ayuso —o don Alberto, como exige Miguel Ángel Rodríguez que se le llame—, ensayó cierto gesto de perplejidad, casi como si le estuviesen revelando algo desconocido, cuando, en la vista del pasado martes del juicio al fiscal general del Estado, la directora de comunicación de este, Mar Hedo, le dejó caer:

—Es que en España hay muchas filtraciones.

En los juzgados, desde luego, las ha habido a cientos. Casi nunca se han investigado. Las ha habido incluso en este mismo proceso abierto para perseguir una filtración. Lo que se divulgaron no fueron precisamente detalles menores ni que no afecten a la intimidad de las personas, al igual que se alega en el caso que ha acaparado buena parte de la actualidad nacional en el último año. Como subrayó la Abogacía del Estado, que defiende al fiscal Álvaro García Ortiz, en su alegato inicial del juicio, durante la instrucción llegaron a manos ajenas datos como el domicilio y la dirección electrónica del acusado. Uno más entre los hechos extraordinarios que rodean este proceso: la indagación sobre quién hizo llegar a la prensa el documento en el que el abogado de don Alberto González Amador confesaba un fraude a Hacienda ha sentado en el banquillo del Tribunal Supremo a García Ortiz, jefe del ministerio público y sexta autoridad del Estado.