El presidente interino, que cita a filósofos para acreditar su lucidez, parece atrapado en un laberinto: ha nombrado a dos gabinetes en apenas un mes

Desde su primer discurso, donde evocó a Platón, Marco Aurelio y Unamuno, José María Balcázar se ha esforzado por extender la idea de que es un hombre cultivado que ha leído lo suficiente para gobernar un país. Si Pedro Castillo era tildado de ignorante, Dina Boluarte de frívola y José Jerí de pervertido, el abogado de 83 años que cerrará este quinquenio se ha promocionado desde el primer día como una mente ilustrada que puede hablar con propiedad de un abanico de temas que van desde las culturas milenarias hasta las corrientes filosóficas.

“No es difícil gobernar un país. ¿Quién les ha dicho que es difícil?”, dijo la noche del 18 de febrero cuando, en contra de todos los pronósticos, obtuvo la votación más alta en el Parlamento para sustituir a Jerí, sacado apresuradamente del cargo tras una moción de censura. El tono de sus palabras resonó en un país donde la investidura presidencial se ha convertido en un fenómeno digno de estudio y las agencias internacionales tienen preparada la alerta del enésimo cambio de mando por si hiciera falta.