Media docena de barcos de guerra y unos 5.000 infantes de Marina llegarán a las aguas de Oriente Próximo después de que Netanyahu sugiriese la necesidad de algún tipo de operación terrestre

Estados Unidos ya libra la batalla por el control del estratégico estrecho de Ormuz y para permitir el tráfico marítimo por ese paso clave para el tránsito mundial de petróleo. Un grupo de buques anfibios y una unidad expedicionaria de infantes de Marina (entre 2.200 y 2.500 soldados) va a zarpar desde California hacia la zona, mientras un contingente similar, de tres barcos anfibios y otra unidad de infantes de Marina, está a punto de llegar procedente del Pacífico. A la espera de su llegada, los aviones estadounidenses han intensificado los bombardeos de las posiciones militares en las islas y costas iraníes en la zona, para impedir que Teherán pueda responder con sus misiles.

El control de Ormuz —el as, el comodín y la escalera de color con que cuenta Irán en esta guerra— es la clave para decidir el ganador del conflicto que, tres semanas después de empezarlo, Donald Trump sigue prometiendo que concluirá “pronto” y que sostiene que está “yendo extraordinariamente bien”. Pero Irán no da señales de aflojar. Sus minas, misiles y drones mantienen a efectos prácticos cerrado el estrecho —con la salvedad de un corredor para un puñado de barcos de países no enemigos—, algo que ha disparado los precios del petróleo y amenaza con desestabilizar la economía global. Por ese paso cruzan el 20% del petróleo y gas mundiales, el 30% del helio y el 33% de los fertilizantes.