El cuerpo del joven estadounidense, desaparecido desde el martes, ha sido hallado en el frente marítimo, a cuatro metros de profundidad

Los Mossos d’Esquadra han encontrado el cadáver de James Gracey en en el agua, a cuatro metros de profundidad, en una de las playas de Barcelona. El joven estadounidense de 20 años llevaba unos días de vacaciones en la ciudad, visitando a unos amigos, y se le perdió el rastro la madrugada del martes. La policía trabajaba con la hipótesis de que hubiese podido caer al mar, y desde el miércoles le buscan en la zona, con los buzos, el helicóptero y la policía marítima, donde finalmente han hallado su cadáver pasadas las seis de la tarde en la zona de la playa del Somorrostro, muy cerca de la discoteca en la que se le vio por última vez. Durante el dispositivo, los agentes ya habían encontrado la cartera del joven en el agua, lo que había afianzado más aún sus sospechas. Hasta el momento, la investigación descarta cualquier móvil criminal.

La policía recibió una denuncia el miércoles de los amigos del joven. Paralelamente, su madre hizo difusión de la desaparición de su hijo a través de Facebook. Ambos explicaban que Gracey estaba de vacaciones en Barcelona, que le vieron por última vez de madrugada, en la zona de la discoteca Shoko, en la Vila Olímpica, donde había estado con sus amigos, de los que se separó un poco después. Ese mismo martes, la Guardia Urbana halló también el teléfono del joven, que estaba en manos de un ladrón habitual de la zona de la playa. Los agentes lo identificaron, y el hombre explicó que se había encontrado el teléfono, por lo que acabó denunciado. Fuentes policiales aseguran que desconocen si Gracey perdió el móvil o se lo robaron, pero, en todo caso, restan trascendencia a la vinculación del hallazgo del teléfono con su desaparición.