La justicia para las víctimas de abusos sexuales en la Iglesia no será total mientras el Vaticano no haga un ejercicio de transparencia

La información exclusiva que publica hoy EL PAÍS demuestra que los abusos sexuales cometidos por el clero en todo el mundo, lejos de ser un asunto solo conocido hace apenas unos años, siempre lo fueron para las más altas jerarquías de la Iglesia Católica en Roma. Durante décadas, el Vaticano siguió una estrategia de ocultación que desembocó en la impunidad de miles de abusadores y en la indefensión de sus víctimas.

Una investigación internacional del diario alemán Correctiv en la que han participado EL PAÍS, The Boston Globe de Estados Unidos, Observador de Portugal y Casa Macondo de Colombia sobre documentos internos e inéditos del Dicasterio de la Doctrina de la Fe (el antiguo Santo Oficio) desmiente que el Vaticano solo empezara a recibir información sobre las denuncias de abuso de manera ordenada a partir de 2001. Y no solo eso. La documentación demuestra que incluso en los años 30, y ante la posibilidad de que el Vaticano fuera ocupado por los nazis y estos accedieran a los archivos con los religiosos pederastas, se dio orden expresa de “quemar todo”, es decir, de borrar todo rastro.