El Vaticano siempre tuvo información de los casos de pederastia en el mundo, sabe mucho más de lo que admite y nunca ha dicho lo que sabe. Lo demuestran los papeles hallados por una investigación internacional del diario alemán Correctiv, en colaboración con EL PAÍS, junto al Boston Globe de Estados Unidos, Observador de Portugal y Casa Macondo de Colombia. Arrojan nueva luz sobre los archivos vaticanos del dicasterio de Doctrina de la Fe y el antiguo Santo Oficio, aún cerrados a los investigadores y accesible a muy pocas personas. “Entrar ahí es imposible”, confirma un sacerdote canonista que lo ha intentado en varias ocasiones. Es más, diversas fuentes señalan que hay un archivo aún más secreto que custodia los casos más graves y delicados.
El cuadro que emerge indica que el Vaticano siempre ha tenido más información de los abusos en cada país de la que admite, aunque ha mantenido que durante décadas apenas llegaron casos a Roma y solo empezó a recibirlos a partir de 2001. Fue el año en que, ante la magnitud del escándalo, nuevas normas vaticanas obligaron a las diócesis de todo el mundo a remitirlos. Pero esta investigación muestra que algunos sí llegaban, ocultos bajo asuntos que hablaban de otra cosa, como dispensas y prohibiciones de confesión.






