Los azulgranas, abanderados por un espléndido Raphinha, resuelven en la segunda parte con un fútbol pletórico un partido muy competido hasta el descanso por la bravura del equipo inglés
La deseada Champions despertó la versión más bestia y pasional del Barça en un partido para el recuerdo en el Camp Nou. El fútbol contundente de los azulgranas derribó a un muy buen equipo como el Newcastle. Los goles barcelonistas cayeron sin pausa ni piedad como directos al mentón de los ingleses hasta contar siete, después de que los dos equipos se hubieran batido en un espectacular intercambio de golpes, sin reservas, hasta alcanzar el descanso con un 3-2. Ya de vuelta a la cancha, el Barça volvió a ser el Barça de Flick, de Lamine, de Raphinha, de Pedri, de Fermín, de Lewandowski, y también de Gerard Martín, un equipo tan reconocible como desbocado y ambicioso, el mismo que tantas emociones generó el año pasado en el barcelonismo y en Europa.
“Montjuïc fue el inicio. El Camp Nou es donde la historia será escrita”, había anunciado Lamine. El 10 quiso convertir el encuentro en una cuestión personal y encendió en su mejor noche al Spotify Camp Nou. La calidad individual de Lamine y, sobre todo de Raphinha, el futbolista que mejor define la obra de Flick, marcaron la diferencia ante la apuesta colectiva de Howe. Tiene el Barcelona muchos mejores futbolistas que el Newcastle y cuenta además con una propuesta tan valiente como particular de Flick. Un plan que provoca escepticismo en muchos analistas por temerario y que, sin embargo, entusiasma a sus jugadores, a los aficionados y al presidente Laporta. No hay mejor credencial para ser respetado en cualquier escenario que un 7-2.










