El actor realizó un acto de dignidad entregándole a Zelenski uno de sus ‘oscars’ en Kiev, todo lo contrario a la humillación de la líder venezolana ante Trump
No he ganado el Premio Nobel de la Paz ni un Oscar de Hollywood. De haber ocurrido eso en mi vida, no se los regalaría a nadie. Pero si me viera obligado a ello —no sé qué diablos me puede llevar a un gesto así— pensaría hasta el desgaste de mis neuronas a quién. Otra cosa es dedicarlo: a mis hijas, a mi mujer, a mis padres, a Cantabria la bella, a España, al Racing de Santander, vale. Pero, regalar... ...
Imagino que es lo que han hecho antes a fondo Sean Penn y María Corina Machado. El primero acaba de ganar el último Oscar de su carrera por la exhibición que demuestra en la extraordinaria Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson. Es el tercero después de Mystic River (2004) y Mi nombre es Harvey Milk (2009). Le sobran. A la líder venezolana, en cambio, no. Solo se logra una vez el Nobel de la Paz y en la academia sueca, de saber qué haría con él, imagino que habrían elegido otra candidatura.
Sean Penn no acudió a la ceremonia de los Oscar. Estaba en Ucrania, a donde ya viajó en 2022 para darle uno de sus premios de la Academia al presidente Volodimir Zelenski. Machado se lo regaló en su visita a la Casa Blanca a Trump en enero pasado. El gesto de Penn hace cuatro años en camiseta resultaba de una dignidad emocionante. El de María Corina, vestida con un traje de chaqueta y pantalón de la diseñadora venezolana Vanessa Farina, pese al tono claro de la indumentaria, resultó una de las humillaciones más tenebrosas como gesto en el panorama de la política global de nuestros días.








