El Espai Ideal, instalado provisionalmente en el Palau Victòria Eugènia, ofrece una gran exposición inmersiva sobre la ciudad romana

Llegas en una cuadriga a Pompeya como un señor (pero en mal día, como veremos), por una avenida de cipreses, desde el sureste. Atraviesas una puerta en la muralla —la Porta Nocera o la Porta Sarno, parece— y entras directamente en la arena del anfiteatro de la ciudad para darte de bruces con un combate de gladiadores. Dos de ellos, uno con equipo ligero y otro pesado, posiblemente un tracio y un mirmillón, están dándose de lo lindo, el segundo empleando una contundente maza con bola de pinchos, muy poco deportiva. La cuadriga y sus dos ocupantes (essedarii, por el carro celta de dos ruedas, esseda) se suman al espectáculo a lo Gladiator y uno va lanzando flechas que, dado que tú ya te has bajado, te pasan rozando. A todas estas sale un tigre rugiente (más Gladiator) que si extiendes la mano parece que puedas tocarlo (si te atreves) y luego la arena se inunda sobrecogedoramente para dar paso a una naumaquia, un combate de barcos (aquí ya estamos en Gladiator II), que observas desde el fondo del agua.

La secuencia, que el visitante vive con unos cascos de realidad virtual, es solo una de las muy variadas e intensas experiencias de Los últimos días de Pompeya, la exposición inmersiva sobre la vida en la ciudad romana en la época de la pavorosa erupción del año 79 que la sepultó, que ofrece a partir del viernes el Espai Ideal, a la sazón recolocado en el Palau Victòria Eugènia de Montjuïc mientras duran las obras en su sede de Poblenou. El jueves tendrá lugar la inauguración con la participación de los manaies de Banyoles con sus atavíos de legionarios romanos, en un despliegue previo a los desfiles de Semana Santa.