Comparamos cuatro protectores que evitan que las manchas y los rasguños de perros y gatos dañen el tejido de los muebles

Quien convive con mascotas sabe que el sofá suele convertirse en su lugar favorito… y también en el más castigado de la casa. Pelos incrustados, arañazos, manchas inesperadas o pequeños accidentes forman parte de la rutina. En estas situaciones, una funda antipelo no es sólo un accesorio estético, sino una barrera —como los protectores de asiento de coche— que alarga la vida del sofá, facilita la limpieza diaria y evita gastos mayores. En EL PAÍS Escaparate hemos puesto a prueba cuatro modelos para comprobar su eficacia ante el desgaste.

Debido a que, tanto en diseño como en materiales, la mayoría de las fundas de sofá disponibles en el mercado son muy similares, en esta comparativa nos hemos guiado por las valoraciones de los usuarios de Amazon para hacer nuestra selección. Aun así, hemos incluido alguna opción con un tejido y unas características distintas para contrastar. Bajo esa premisa, las cuatro marcas que hemos elegido son: Moonage, Textilhome, Maxijin y Sevi’s.

Para ponerlas a prueba en condiciones reales, hemos dejado que las mascotas subieran y bajaran del sofá con normalidad durante varios días para evaluar si los pelos quedaban retenidos en la superficie y qué tan fácil era retirarlos después. También hemos observado si el tejido resistía arañazos y pequeños mordiscos sin desgarrarse ni marcarse. Tras varios lavados, hemos comprobado si el color se mantenía intacto o si aparecían signos de desgaste. Por último, hemos analizado cómo se integraba cada funda en distintos estilos de decoración para valorar si, además de proteger, realmente embellece el salón.