Algunos lo llaman el síndrome Pete Best. Nos fascina ya que escenifica los caprichos de la rueda de la fortuna en el negocio del pop

Le había perdido la pista y me encuentro con el anuncio de actuaciones de Henry Padovani en pueblos del Loira. Bolos modestos pero no es mal sitio: con sus castillos y sus vinos, describen la zona como “el jardín de Francia”. Recuerden, Padovani fue el primer guitarrista de The Police y grabó con ellos en sus inicios, hasta que fue fulminado: Sting...

prefería las habilidades jazzísticas de Andy Summers. No parece haber rencor: Sting aparece en Rock ’n’ Roll… Of Corse!, documental de 2016 cuyo titulo hace un guiño al origen corso de Padovani.

Asunto delicado el de los músicos que se marcharon antes de que su banda triunfara. Sin eufemismos: que fueron despedidos, frecuentemente de mala manera. Piensen en The Beatles: siempre tuvieron problemas con los bateristas. Según Finding The Fourth Beatle, el libro de David Bedford, entre 1956 y 1970 John Lennon y Paul McCartney trabajaron —o quisieron trabajar— con 23 diferentes percusionistas.

Entre ellos figuraba Pete Best, cuyo drama está reflejado en varios libros. Dicen que George Martin creía que Best no daba la talla en el estudio; sus compañeros obraron entonces sin piedad. En realidad, el productor no se preocupaba demasiado del asunto: solía recurrir a bateristas profesionales para acelerar aquellas sesiones donde se grababan ambas caras de un single en dos o tres horas.