El PP sube dos escaños y contiene a Vox, pero entra en el mecano de pactos sin resolver de los gobiernos de Extremadura y Aragón
“Aquí, certezas” fue algo más que el lema de la campaña electoral del popular Alfonso Fernández Mañueco. Fue un acicate o aliciente para autoconvencerse de que, pese a su...
aparente desgana de ningún tipo de trifulca, el último presidente del PP de Castilla y León no tenía más remedio que convocar las elecciones en el suspiro final de su mandato y pasar ese trago lo mejor posible. A Mañueco, que en 2022 ya fue apercibido con el peor resultado de los populares en sus 39 años en el poder en esa región al quedarse en 31 actas, se le nota mucho que no le van las confrontaciones. Ni le pegan ni le encajan.
El PP de Mañueco ideó una campaña sosa, ajena al ruido que se han empeñado en propagar por sus pueblos Feijóo y Abascal, que en teoría nos habían contado que el 22 de febrero, tras el aperitivo dominical, se llamaron cordialmente por teléfono para poner fin a los exabruptos que la popular María Guardiola le atizaba a diario a su interlocutor extremeño de Vox en las negociaciones. Madrid ordenó parar, se coló en la mesa y desde entonces la conexión y los ataques entre Abascal y Feijóo empeoraron.






