El filósofo británico John Armstrong analiza en ‘Los requisitos del amor’ un sentimiento que forma parte de nuestra herencia genética, pero que ha sido también modelado por la historia

La palabra amor suena bien en todos los idiomas, porque nombra un sentimiento esencial ligado a nuestra idea de felicidad. Pero el amor no es un regalo de los dioses, por más que se le represente como un caprichoso Cupido, sino un misterio insondable, un propósito de largo alcance que exige grandes esfuerzos. Un impulso complejo que el filósofo británico John Armstrong analiza en casi todas sus vertientes en su libro Los requisitos del amor. Una filosofía de la intimidad, salpicado con ejemplos de la literatura universal, de la pintura, la música y has...

ta la ciencia y la política. Armstrong se confiesa, con todo, un perdedor en la batalla por conquistar el amor duradero, lo que no le impide estudiar su fisonomía al detalle.

El libro, dividido en 22 breves capítulos, empieza analizando la visión romántica, ejemplificada en personajes literarios como Romeo y Julieta, abrasados por una pasión que permanece siempre en la fase del enamoramiento. Trágicamente muertos, su amor no se adentra nunca en el menos literario espacio de la convivencia. Pero, alega el autor, “el amor verdadero es aquel que perdura y resiste los embates que toda relación prolongada acarrea de forma inevitable”. Armstrong coincide con Wittgenstein en que no hay definición válida para este sentimiento sobre el que parece girar el mundo. Y aun aceptando, como plantea la psicología evolutiva, que forma parte de nuestra herencia genética, que es fruto de la evolución, nuestro filósofo subraya que es una emoción modelada por la historia.