Este recurso centenario que midió el sexismo durante décadas, se alía con la estética militar y utilitaria en formatos XXL sobre todo tipo de prendas y tejidos
Aunque resulta complejo fijar con exactitud su origen, los anales de la moda suelen referirse a la Edad Media como el inicio de los bolsillos en la vestimenta. Este compartimento adherido a chaquetas, pantalones e incluso vestidos, vino a sustituir las bolsas comunes que se ataban a la cintura en la época. Todo un acierto que permitió llevar oculto, y fuera del alcance de los ladrones, esos pequeños objetos de valor del día a día.
En su dilatada existencia desde entonces ha pasado por todo tipo de variantes y contextos; de la mera funcionalidad a convertirse en un accesorio de moda, de ocultarse con esmero a un primer plano en la ropa militar y utilitaria, y de ligarse a la ropa vaquera en forma de discreto y minúsculo saquito para guardar los relojes de los mineros –el famoso quinto bolsillo de los Levi’s– a magnificar su tamaño en sobrecamisas tejanas. Sin olvidar su papel como implacable herramienta para medir el sexismo de los tiempos que ha dejado una extensa bibliografía a su paso –como explicó la autora Hannah Carlson en Pockets: An Intimate History of How We Keep Things Close (Algonquin Books) hace unos años en esta entrevista.






