La cantaora, que viene de la interesante tradición del flamenco de Jaén como Carmen Linares, tiene vocación y ganas que superan límites del cante jondo y conquistan audiencias de la música popular
Hace más de un año, conocí a Ángeles Toledano en su tierra, Jaén, y sentí una suerte que se percibe pocas veces: encontrarse ante un talento descomunal, por encima de los más altos talentos. Percibí que estaba ante una artista capaz de llegar a donde llegan los más grandes, aquéllos y aquéllas que tocan lo más hondo del alma humana a la vez que son capaces de abrir puertas y hacer avanzar la música hacia territorios apenas explorados.
Aquel día, Ángeles Toledano cerraba un bonito homenaje a Supersubmarina en la ciudad de Jaén. Para cuando hablamos, ya sabía de ella desde hacía tiempo y había escuchado su primer disco, Sangre sucia, donde era evidente la calidad de su flamenco. Sin embargo, su grandeza se presentó sobre el escenario, que es donde se presentan todas las grandezas musicales y donde afloran las emociones a flor de piel. Salió al teatro jienense y se permitió cantar una versión de ‘Supersubmarina’, una de las canciones más emblemáticas del grupo de José, Juanca, Pope y Jaime. Fue un momento revelador: una cantaora flamenca, con esa tradición en la garganta, que hacía suya de manera desgarradora una canción pop tan particular. El pellizco fue de esos que no se olvidan. Uno extraordinario. Algo muy especial.






