Guardiola emplea a Rordi y Guéhi para devolver al equipo la identidad agresiva sin balón
“Tenemos que ser nosotros mismos”, dijo Guardiola, inflamado como Pavarotti en La Scala, pues este martes el entrenador del Manchester City se manifestó en la sala de conferencias del Bernabéu, uno de sus escenarios fetiche. “¿Y a qué se refiere con ser ‘como nosotros mismos’?”, le inquirió un reportero inglés. “¡Mire el último partido contra el Newcastle…!“, le replicó el técnico. ”Eso nos define: ser agresivos para recuperar la pelota, hundir al equipo contrario y atacarlo con consistencia, una y otra vez, y cuando perdemos la pelota recuperarla lo más rápido posible… ¡Cosas que definen a este equipo en los últimos diez años! Con altibajos. No puedes ser perfecto todo el tiempo".
Hace poco más de un año en el Bernabéu, en la vuelta del playoff de la Champions, Pep Guardiola confirmó que su sistema se fundamentaba en una paradoja. Para llevar el juego a las cotas máximas de control de balón con atrevimiento, dinamismo y asociación, antes que conservar la posesión del balón sus jugadores debían prepararse para activarse cuando no lo tenían. La agresividad mental era la clave, pues la circulación fluida deriva de una presión agresiva, y no al revés. Fue la conclusión en la que desembocó la temporada más difícil en la carrera del entrenador catalán. Un experimento forzoso que comenzó cuando el equipo perdió la viga maestra de Rodri Hernández en el verano de 2024 y verificó su derrumbe, como una torre Jenga, cuando Nathan Aké sustituyó a John Stones, lesionado a los ocho minutos del duelo decisivo con el Madrid.








