El Parlamento debate “nuevas reglas” para la minería e incentivar la inversión extranjera en un área manejada por grupos criminales

Desde el 3 de enero, Venezuela ha abierto las puertas de sus recursos naturales a Estados Unidos. Primero, fue el petróleo. El crudo sacado de los pozos venezolanos ha vuelto al que por años fue su principal cliente y Washington ha correspondido con las licencias para que esto ocurriera. Luego, el Parlamento al mando de Jorge Rodríguez, el hermano de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, modificó la ley de hidrocarburos y hace unos días se concretó la firma de un primer contrato con Shell. El esquema se repite ahora para la explotación minera.

El secretario de Interior estadounidense, Doug Burgum, abrió el camino durante su visita de dos días de la semana pasada, en la que también coincidieron representantes de una veintena de empresas de minerales de Estados Unidos, muchas de ellas operadoras en Venezuela en el pasado que terminaron yéndose por las expropiaciones durante el Gobierno de Hugo Chávez.

A su regreso a Washington, se emitió una licencia que autoriza transacciones con la estatal venezolana de minería de oro de Minerven. Según la licencia, como también ocurrió con el petróleo, las personas y empresas de Rusia, Irán, Corea del Norte y Cuba no están autorizadas a celebrar contratos con Minerven. Un día después llegó a Estados Unidos el primer cargamento de oro valorado en 100 millones de dólares que, según Burgum, será destinado tanto a usos industriales como comerciales.