El equipo inglés suma 11 partidos sin ganar y el técnico, Igor Tudor, señala al fichaje más caro de su historia

A la edad de 16 años Xavi Simons tenía dos millones de seguidores en Instagram. Era la estrella de La Masía y se disponía a dejarse llevar allí donde le arrastrasen las gigantescas expectativas. Hoy este interior de asombroso manejo de balón tiene solo 22 pero su edad futbolística se corresponde con la de un anciano. Cuando el verano pasado el Tottenham le convirtió en el fichaje más caro de su historia, previo pago de 65 millones de euros al Leipzig, la voz se corría entre directores deporti...

vos y agentes de media Europa. El muchacho que el club de Londres se disponía a entronar no necesitaba corona. Según el Bild, en el vestuario del Leipzig le apodaban Princesa desde que contrató los servicios de un peluquero que instaló en la ciudad deportiva con una reserva de laca tan descomunal que provocó una evacuación de todos los empleados del club después de que saltaran las alarmas de incendio.

El fenómeno de la confusión por adulación es más viejo que el fútbol, pero la industria contemporánea del espectáculo multiplica los síntomas. Ahora los jugadores del Tottenham miran al líder impuesto por el club. Juegan como si los animara una premisa. Solo corren si corre Simons. El malestar se ha contagiado a la plantilla de un equipo disgregado por la molicie y el individualismo. Hoy el Tottenham cuelga del 16º puesto de la clasificación de la Premier. A solo un punto del descenso por primera vez desde que bajó a Segunda, en 1976. Este martes el equipo visita el Metropolitano en estado de pánico. Con la esperanza de hallar en la Champions la energía que en Inglaterra no encuentra por ningún lado.