Lo último en implantes de pelo, a pesar de algunos pacientes que exigen una perfección que roza lo artificial, son los diseños que replican las formas naturales y sus imperfecciones
Daniel S. (26 años, Valencia) siempre tuvo claro el destino de su viaje capilar, pero nunca imaginó cómo sería el trayecto hasta allí. Su abuelo era calvo y con solo 22 años acudió a una clínica. “Fui a pedir una operación, pero me advirtieron de que era muy joven y aún seguía hormonando. Me dijeron: ‘Te podemos poner pelo, pero se caerá en cinco años”, cuenta. Pastillas, tratamientos y champús retrasaron unos años lo inevitable y, cuando la caída se aceleró, decidió operarse. En consulta, por segunda vez, le volvieron a romper todos sus esquemas: iban a rellenar las entradas, pero no las iban a eliminar del todo.
Estas entradas de diseño suponen toda una revolución. Hace unos años, en los implantes, triunfaba una línea frontal —límite entre la frente y el pelo— tan recta que parecía más propia de los muñecos Action Man que de un humano. Ahora, en cambio, se empiezan a esforzar por respetar al máximo, imperfecciones incluidas, las formas curvas del nacimiento original del cabello. Como explica el doctor David Saceda de la Unidad de Tricología del grupo Pedro Jaén, la línea es una pieza vital para asegurar el éxito de cualquier implante: “Es nuestra carta de presentación. La línea de nacimiento del pelo queda a la vista cada vez que nos miramos al espejo, nos presentamos a alguien o tenemos una conversación. Es el marco de nuestro rostro”.







