La primera manifestación tras la caída de Nicolás Maduro pone el foco en la libertad de las presas políticas y la precariedad de los cuidados en un país con el salario mínimo congelado
En la movilización de este 8 de marzo en Caracas, la agenda feminista se fundió con la del país. La marcha, titulada Juntas por la democracia, reunió a decenas de familiares de presos políticos, excarcelados, sindicalistas y estudiantes que reclaman el espacio de las mujeres en la transición política que atraviesa Venezuela desde el 3 de enero, tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Aunque la convocatoria no fue masiva, la presencia en las calles con consignas contra el Gobierno resultó significativa en una nación que había dejado de expresarse públicamente por miedo, tras la agudización de la represión en el último año y medio.
“Este proceso de transición no puede dejar por fuera a las mujeres”, afirmó Evelyn Pinto, coordinadora de la Alianza de Mujeres Políticas y una de las organizadoras de la manifestación. “El 90% de los integrantes de los comités de familiares de presos políticos son mujeres; por eso tenemos que ser parte de una transición. Son años de derechos vulnerados. Exigimos salarios dignos y políticas sobre el cuidado, que genera tanto ingreso en el mundo y aún no ha sido cuantificado”, reclamó.







